Cuba no es El Dorado pero sí la llave del Nuevo Mundo – 1

La evolución de la singular colonia española establecida en Cuba durante sus, aproximadamente, primeros cuarenta años fue el resultado del entrecruzamiento de un grupo de posibilidades y de la frustración de la mayoría de ellas….. Aquella primera colonia, por una parte, se había proyectado como de poblamiento perma-nente y, por otra, como base para la expansión hacia las tierras continentales. En lo social, la organización que se le dio, si bien tomaba elementos referenciales de la España abandonada, tenía perfiles totalmente novedosos. Su rasgo caractero- lógico fue la conformación de una estructura social dual. Si los españoles consti-tuían el estamento privilegiado, dentro de ellos se manifestó, desde el inicio, una diferenciación social típica de la sociedad clasista europea. Los repartimientos de tierras e indios se hicieron de acuerdo con la condición y el aporte de cada cual a la conquista y colonización. Las diferencias fueron tan marcadas que, en 1532, uno de los más importantes colonos, Manuel de Rojas, informaba al Rey que gran parte de los males de la Isla se originaban en las desigualdades de un repartimiento general, hecho por Velázquez en 1522 entre los colonos, donde las cantidades de indios repartidos oscilaban éntre uno y trescientos.7 Un orden de jerarquías y privilegios quedó asentado, lo cual mantendría en la pobreza a la mayor parte de los colonos frustrando así sus sue¬ños de grandeza. Si entre los españoles se desarrolló un desigual “desorden” so¬cial, dos instituciones, sobre las que descansaba la economía, le dieron a este esbozo de sociedad un claro carácter estamental. Independiente de sus diferen-cias, los españoles constituían el estamento social privilegiado. Los indios enco- mendados conformaban un segundo estamento y los esclavos “negros e indios” el tercero. La presencia de indios en condiciones de esclavitud se debió a las expediciones para su captura fuera de la Isla, con el objetivo de suplir parte de la fuerza de trabajo de los indios encomendados, y a la captura de indios rebeldes. La Corona había autorizado en 1524 que todo indio o negro alzado que fuese apresado los hayan y tengan por esclavos las personas que los tomaren e se sirvan de ellos como esclavos propios (sic).s
A la búsqueda de oro en la Isla se unió, desde el principio, la preparación de la conquista del continente, supeditándose el destino de la colonia a este último objetivo. En 1517 Velázquez envió a uno de sus capitanes, Francisco Hernández de Córdoba, a explorar los territorios costeros de Yucatán. Aunque la resistencia indígena hizo fracasar la expedición y su jefe moría poco después de su retomo a Cuba, como consecuencia de las heridas recibidas, se comprobó que existía oro y casas de cal y canto. Con estas noticias, Velázquez pidió autorización para una nueva expedición a la región yucateca y su nombramiento como Adelantado de esos territorios. El 8 de abril de 1518 partía el nuevo grupo expedicionario bajo el mando del sobrino de Velázquez, Juan de Grijalva, en cuatro naves fletadas con el peculio del jefe expedicionario. Pese a que también fue diezmada por los nati¬vos, retomó a Cuba con “más de quince mil pesos en joyezualas de oro bajo”. Velázquez envió al rey la mayor parte de lo obtenido como modo de promover su nombramiento de Adelantado de lá Nueva España, nombre con el cual Grijalva había designado a las tierras mexicanas.
Un año después, Velázquez tenía ya organizadas las fuerzas conquistadoras. Para su jefatura nombró al alcalde de Santiago de Cuba, Hernán Cortés. Poeo después, y ante las ambiciones de este último, Velázquez lo destituyó. Cortés, adelantándose a la orden de detención, partió con la expedición. No sólo ejecutó lo proyectado -crear un asentamiento en las costas de Yucatán- sino que, por su cuenta y riesgo, emprendió la conquista del vasto imperio azteca. Para someterlo a su obediencia, Velázquez reunió todos los recursos disponibles en Cuba y orga¬nizó un verdadero ejército irregular compuesto por 18 navios, 1 000 hombres, 12 cañones y 85 caballos. Al frente de la tropa colocó a uno de sus más fieles j audaces seguidores, Pánfilo de Narváez. La derrota sufrida por éste frente a Cor¬tés y la adhesión de la mayoría de sus hombres al triunfador dejaron a la Isla exhausta y semidespoblada además de cortar los nexos que Velázquez pretendía establecer con los nuevos territorios ocupados.

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