Cuba no es El Dorado pero sí la llave del Nuevo Mundo – 3

Después de la muerte de Velázquez, y sin posibilidades de obtener parte del reparto consiguiente a la conquista de la Nueva España, los colonos de Cuba se dividieron en dos bandos…..Uno de ellos, fuertemente velazquista, lo encabezaba Gonzalo de Guzmán, y el otro Manuel de Rojas. La pugna giraba por el reparto de los despojos de lo que pudo ser una floreciente colonia. De las arbitrariedades cometidas por Guzmán durante los períodos en que gobernó la Isla hablan en extenso los documentos: repartos indebidos de indios, despojos a otros colonos, medidas de gobierno contrarias a las órdenes emitidas por la Corona, etc. Por su parte, el rey y sus consejeros venían diseñando un fortalecimiento de la organiza-ción del aparato colonial. Esto se manifestó con la creación del Consejo de Indias y el de los primeros virreinatos de América. A ello se añadió la política, iniciada en 1538, de nombrar para el gobierno de Cuba a personas no residentes en la colonia. El primero de ellos fue Hernando de Soto.
De Soto se había distinguido en la conquista del Perú y su verdadera inten-ción era incursionar en los territorios de Norteamérica, hasta entonces inexplorados, en busca de riquezas tan fabulosas como las encontradas en México y Perú. Para ello había solicitado, mediante sus fuertes influencias en la Corona, su nombra¬miento de Gobernador de Cuba por cinco años y el de Adelantado de La Florida (nombre que se le daba, por entonces, no sólo a la península que actualmente lo sigue llevando, sino también a la amplia zona del sur de Norteamérica). En los escasos once meses que permaneció en la Isla reunió todos los recursos existen¬tes en ella y los colocó en su expedición. En 1539, al partir de La Habana, lo hizo con 1 000 hombres de armas, 350 caballos, ocho navios, una carabela y dos ber¬gantines. Completó su expedición con todas las reservas de casabe, maíz, tocino y carne salada que existían en toda la región habanera. El Adelantado de La Flo¬rida encontró la muerte en las selvas del Mississippi en 1542 pero ello no fue conocido en Cuba hasta 1544 cuando regresaron los exiguos y famélicos restos de la flamante armada, la “mejor y más lucida expedición que hasta entonces había visto este Nuevo Mundo”.
Esta última empresa conquistadora no sólo dejó sin reservas a la Isla sino que, además, acentuó su despoblamiento. Según las cifras que ofrece el obispo Sarmiento -que había llegado a Cuba junto con de Soto-, en 1544, en seis de las
villas sólo quedaban 1 749 personas, de las cuales únicamente 112 eran españoles (6,4 %), 893 indios (51,05 %) y 744 esclavos (42,5 %), estos últimos negros e indios. Sarmiento no ofrece cifras de Santiago de Cuba pero si se tiene en cuenta que 25 años después, en 1569, otro obispo, Juan del Castillo, informa que en esta villa sólo viven 32 vecinos, es de pensar que para la fecha del informe de Sar¬miento eran menos. De hecho, la importancia que adquiría el virreinato de la Nueva España colocaba a Cuba en un segundo plano en la estrategia continental. Pero pronto la Corona se percató de que, si bien la Isla ya no presentaba el mismo interés económico, iba adquiriendo un cada vez más importante sentido estra¬tégico. Ello se lo hicieron comprender dos nuevas realidades.

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