Decision de la insurreccion general y la reconquista del poder para el pueblo- page 1

El objetivo primordial de la insurrección armada es derrotar el poder enemigo e instalar el poder revolucionario. Para el cumplimiento exitoso de ese objetivo, lo más importante es precisar con certeza el momento más favorable y aprovechar a tiempo esta oportunidad tan pronto como se aparezca para promover a las masas populares y las fuerzas armadas y semi- armadas en el levantamiento por la toma del poder en todo el país. Sin embargo, la certeza en la precisión de la oportunidad no puede apoyarse simplemente en el entusiasmo revolucionario, la voluntad subjetiva o el desarrollo del movimiento de carácter sectorial o regional, sino en la fuerza real y el movimiento general de todo el país; especialmente en el análisis exacto de la situación mundial y las relaciones internacionales, sobre todo, las respectivas estrategias de las grandes potencias respecto a la región del Sudeste de Asia y sus vínculos con la revolución vietnamita. Con su gran visión estratégica y su comprensión acertada sobre la tendencia del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y el desenvolvimiento de la situación Sudeste Asiática y del Pacífico, Ho Chi Minh predijo en su obra “Historia de nuestro país” (publicada por el Departamento de Propaganda de Viet Minh en febrero de 1942) que “En 1945 Vietnam se independizaría”. Su augurio de que en 1945 Vietnam alcanzaría su independencia, significaba que en el año 1945 se presentaría una oportunidad histórica y que la revolución tuviese que preparar su fuerza para esa oportunidad de la historia.

Reconociéndose como discípulo de Marx y de Lenin, durante todo el transcurso de sus actividades revolucionarias, Nguyen Ai Quoc – Ho Chi Minh, tenía en cuenta en todo momento sus recomendaciones sobre el asunto de oportunidad revolucionaria. No obstante, debido a la diferencia de características entre distintas naciones y circunstancias, la precisión de la oportunidad en ’a insurrección armada no podría ser copiada o mecánica, 

habría que basarse en todo el desenvolvimiento de la situación y las condiciones históricas concretas de cada nación; habría que ser flexible y creadora en el análisis, la valoración y la determinación de todos los factores relacionados a la oportunidad.

Una vez determinadas las generalidades teóricas respecto a la oportunidad de la insurrección general, el problema siguiente que se le plantea al dirigente es el seguimiento estricto y la valoración correcta, así como la previsión exacta de la tendencia de desarrollo de la situación tanto internacional como nacional, con el fin de aplicar tales teorías en el trabajo organizativo y en la dirección práctica. Estos fueron los asuntos que atrajeron especial atención del líder Ho Chi Minh. Para tener soluciones, hacía falta una fuente suficiente, exacta y más rápida posible de informaciones. En ese sentido, en febrero de 1945, en calidad de representante de Viet Minh – fuerza que había salvado a un teniente piloto norteamericano cuyo avión había sido derribado en Cao Bang, Ho Chi Minh salió para Kunming (China). Allí, estableció contacto con la AGAS y aprovechó el tiempo para encontrar en la oficina informativa norteamericana (AOWI) libros e informaciones, especialmente las noticias frescas sobre la guerra mundial. El 29 de marzo de 1945, se entrevistó con el general Chennault, comandante de la Brigada aérea No 14 de EE.UU. en Huanan. Posteriormente, llegó hasta Baise para un encuentro con el general Zhang Fakui, jefe del Estado Mayor General del ejército de Kuomintang. A fines de abril del mismo año, se reunió con A. Patti, declaró que el Viet Minh estaba en la disposición de cooperar con la parte estadounidense en la lucha antifascista y le hizo una información sobre criterios de Francia, China e Inglaterra respecto al asunto de Vietnam. En ese viaje de trabajo le ayudó a obtener muchas y nuevas informaciones necesarias y ofreció asimismo una nueva variante del trabajo diplomático- militar en el período de insurrección armada de la revolución.

Por ese tiempo, los factores inmanentes que garantizaban el triunfo de la insurrección general, que habían sido precisados teóricamente y preparados con todo esmero por el líder Ho Chi Minh, se convertían en realidad. Las condiciones internacionales se evolucionaban también favorables. El 7 de mayo de 1945, los fascistas alemanes se capitularon incondicionalmente. La oportunidad para la revolución vietnamita se acercaba. En Viet Bac, Ho Chi Minh se apresuraba en la preparación de la Reunión nacional del Partido y la Asamblea Nacional del pueblo. A pesar de su grave enfermedad, seguía trabajando duro, preparando el contenido de las reuniones, redactando instrucciones y mensajes urgentes, enviando enlaces especiales en todas direcciones, en aras de una pronta convocatoria de delegados a las reuniones.

El 8 de agosto de 1945, la Unión Soviética declaró la guerra contra el fascismo japonés y lanzó de inmediato una ofensiva contra las tropas fascistas japonesas en Manzhou (China). Los fascistas japoneses se encontraban frente a la inminencia de su colapso cuya llegada era cuestión de días. Por lo tanto, Ho Chi Minh dio la instrucción: “Ha llegado el momento oportuno; no importa hasta dónde llegue el sacrificio, no importa si haya que quemar toda la cordillera Truong Son, tenemos que conquistar a toda costa la obstante, la hora de dar la orden del inicio de la insurrección general tendría que ser exacta y con todo su sentido científico. Una orden prematura o fuera retrasada perjudicaría a la revolución. Había que escoger con certeza el instante histórico “único en mil años” para movilizar a los compatriotas de todo el país a la conquista del poder. Detectar y escoger con exactitud ese instante requerían del dirigente no solamente una visión amplia y larga, una valoración y estimación exacta de los factores relacionados, sino también una sensibilidad especial, coraje y decisión. No se trataba simplemente de la ciencia, sino también del arte. Puesto que en ese momento, la situación se desarrollaba de una manera acelerada y sumamente rápida. El imperialismo francés, aunque había sido desplazado por el golpe de estado japonés en Indochina, abrigaba la intención de volver a su antigua colonia. De Gaulle, jefe del gobierno de resistencia francesa contra los invasores alemanes, expuso en dos ocasiones (1943, 1945) esa pretensión y de hecho contaba con el respaldo de las tropas británicas en su acelerada preparación y despliegue de sus fuerzas con el intento de emplazar pronto a los fascistas japoneses. Mientras tanto, las tropas de Chiang Kai-shek llegarían a Indochina para desarmar al ejército japonés desde el paralelo 16 para arriba. Del paralelo 16 para abajo, el desarme de los japoneses correspondería a las tropas británicas.

La naturaleza del ejército de Chiang y de las fuerzas que estaban detrás de éste, así como la relación anglo-francesa y el vínculo dentro del sistema de poder colonial en el Lejano Oriente no eran nada extraña para el líder Ho chi Minh. Todos, por igual, estaban “resueltos” en la disputa y el mantenimiento del yugo opresor colonial. Consciente de esto, el líder Ho Chi Minh estimaba que habría actuar con

rapidez para que Vietnam se convirtiera en “dueño anfitrión” que recibiría a los aliados quienes llegarían a Indochina a desarmar a las tropas japonesas. No obstante, al dar la orden del inicio de la insurrección general, se debía tener en cuenta el estado de “tambaleo” del enemigo principal que era el fascismo japonés. Puesto que las fuerzas de Japón eran numerosas. Y además, después de repetidas derrotas en el campo de batalla del Sur, la Comandancia general de las tropas sureñas, al mando del mariscal conde Teraushi volvió de Singapur a Saigón (noviembre de 1944), mientras que la Comandancia general de la agrupación 38 bajo mando del teniente general Chushihashi ya se trasladó a Hanoi (al lugar que hoy es el #33 de la calle Pham Ngu Lao). La naturaleza del fascismo japonés se caracterizaba de suma terquedad. De manera que el momento de dar la orden de la insurrección general no podía ser antes de los movimientos diplomáticos de los japoneses tendientes a la rendición. Pero si se esperarse a que el gobierno imperial de Japón y las tropas japonesas en los campos de batalla de Indochina abandonasen sus armas, la cosa sería muy complicada porque las tropas de “entrada” de Chiang Kai-shek, bien preparadas y acantonadas en las mismas proximidades fronterizas, caerían de inmediato sobre nuestro país. Por lo tanto, el líder Ho Chi Minh seguía bien atento el desenvolvimiento de la situación, sobre todo las informaciones que venían de Tokyo. A través del boletín de la radio de San Francisco dando la noticia de que el gobierno de Suiza había transmitido al gobierno norteamericano una nota diplomática de la parte japonesa solicitando Ia modificación de cuatro artículos de la Declaración de Potsdam, el líder Ho Chi Minh percató señales de  rendición japonesa. En la propia noche del 12 de agosto, puso de acuerdo con el secretario general del Partido Truong Chinh, para convocar urgentemente la Conferencia Nacional de delegados del Partido con un margen de tiempo muy cerrado, puesto que la fecha indicada en las notas convocatorias era el 18 de agosto.

Siguiendo la recomendación y dirección de Ho Chi Minh, el Ejecutivo del Comité Central del Partido y el Mando General de Viet Minh decidieron crear el Comité Nacional para la Insurrección. Exactamente a las 23 horas del 13 de agosto de 1945, se anunció la Orden Militar No 1 sobre la Insurrección General. Al medio día del 15 de agosto del propio año, cuando la Conferencia Nacional del Partido Comunista de Indochina celebrada su última sesión para tomar decisiones sobre los asuntos internos y externos de la revolución vietnamita, desde Tokyo, Japón dio a conocer la declaración de capitulación del emperador japonés ante los aliados. El 16 de agosto, la Asamblea del Pueblo se reunió y discutió de inmediato los problemas claves, aprobando la directiva del Partido Comunista de Indochina sobre la insurrección general; y se fundó el Comité de Liberación Nacional de Vietnam presidido por el líder Ho Chi Minh. En el mismo día 16 de agosto Ho Chi Minh dirigió al pueblo de todo el país la “Carta de llamamiento a la insurrección general” en la cual enfatizó: “La hora decisiva del destino de nuestra nación ha llegado. Compatriotas de todo el país, levantémonos para salvarnos con nuestra propia fuerza. No podemos atrasarnos”. Se dio la orden a la insurrección general y la llamada del líder nacional se hizo llegar al pueblo entero. Toda la nación al unísono se levantó. El 19 de agosto, la insurrección tuvo éxito en Hanoi; el 23 se estableció el poder revolucionario en la antigua ciudadela 

de Hue; el 25 se conquistó el poder en Saigón. La insurrección general de agosto de 1945 culminó exitosamente en todo el territorio nacional. El pueblo vietnamita se hizo dueño verdadero de su país para recibir a las tropas aliadas que llegaron a Vietnam a desarmar a los fascistas japoneses, y con la disposición de enfrentar a toda fuerza enemiga en postura de una nación independiente y soberana.

El histórico triunfo de la insurrección general demostró la capacidad y talento de dirigir la revolución, así como el arte de aprovechar la oportunidad del líder Ho Chi Minh y el Partido Comunista de Indochina. Este arte, se patentizó de manera concentrada en la precisión exacta del momento de dar la orden a la insurrección general.

La realidad fue que el ejército y el pueblo de Vietnam habían conquistado el poder de manos de los fascistas japoneses cuando en los campos de batalla de Indochina ellos no habían recibido aún la orden de abandonar las armas. Mientras, las tropas francesas, a pesar de su disposición de lanzarse al ataque a instrucción del general De Gaulle, tomaron la acción muy retrasada. En el momento de las respectivas llegadas a Indochina de las tropas de Chiang, de Inglaterra y Francia, la revolución vietnamita ya había logrado su triunfo. Esto fue ya confirmado en agosto de 1945 por el líder Ho Chi Minh: “Nuestra lucha es aún dura y difícil. No es porque Japón ha fracasado que somos automáticamente libres. Tenemos que seguir esforzándonos todavía.” En una carta escrita en inglés y dirigida a un norteamericano, recalco- “Crea usted que nosotros hemos combatido y seguiremos combatiendo hasta lograr lo que aspiramos: la independencia nacional”. La selección acertada del momento de llamar a todo el“ pueblo vietnamita a la insurrección general, así como las actividades diplomáticas para confirmar la legitimidad de su triunfo que se debía a la fuerza real de Vietnam y no las circunstancias objetivas, todas reflejaron el arte de dirigir la insurrección armada de parte del Partido y del líder Ho Chi Minh. Partiendo de esta realidad histórica, toda conclusión de que el triunfo de la revolución vietnamita se debiera al factor objetivo y externo, tal como opinara un historiador extranjero, no tiene fundamento desde el punto de vista tanto teórico como práctico.

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