Geografía y ecosistema

La presencia del hombre en Cuba se inicia hace aproximadamente diez mil años, cuando las pri­meras migraciones llegaron a nuestro archipié­lago. De ellos sólo algo más de quinientos han sido inscritos como historia al tomarse el arribo de Cristóbal Colón como la fecha de su inicio.
El escenario natural de nuestra historia es el ar­chipiélago cubano y los mares que lo rodean. Por su posición geográfica, y por las características de sus costas y suelos ha sido, también, zona es­tratégica en las comunicaciones intercon­tinentales y decisivo escenario en las batallas entre los grandes imperios por el dominio de América.
Situado entre el Mar de Las Antillas o Mar Caribe, el Golfo de México y las aguas atlánti­cas, el archipiélago cubano está compuesto por la isla de Cuba, la mayor de Las Antillas y el Caribe y la que le da nombre al conjunto, la Isla de Pinos (actualmente Isla de la Juventud) y unas 1 600 pequeñas islas y cayos. Su superficie total es de 110 922 km2, de los cuales le corresponden a la isla de Cuba 105 007, a la Isla de Pinos 2 200 y al resto de las isletas y cayos 3 715 km2.1 La isla de Cuba se caracteriza por su configuración larga y estrecha, extendiéndose longitudinalmente 1 250 km, desde Punta de Quemados, en su extremo oriental hasta su extremo occidental, el Cabo de San Antonio. Su anchura media no llega a los 100 km: su amplitud máxima alcanza, 191 km, mientras que sólo tiene 31 km en la más estrecha.
Su posición geográfica resulta estratégica en el conjunto americano, que la coloca en el entrecruzamiento de diversas culturas. Al norte, el Estrecho de La Florida (180 km) la separa de la península del mismo nombre perteneciente al actual territorio de los Estados Unidos y el Canal Viejo de Bahamas (entre 50 y 130 km) de las islas del mismo nombre. Al oeste, el Estrecho o Canal de Yucatán la distancia 210 km de la península de esta denominación en territorio mexicano. El Estrecho de Colón coloca a Jamaica a 140 km al sur de Cuba, mientras que el Paso de los Vientos, al este, sólo la separa 77 km de Haití.
Por su configuración geográfica, la isla de Cuba presenta un extenso litoral de 5 746 km (3 209 en la costa norte y 2 537 en la sur), en el que se encuentran más de dos centenares de bahías y ensenadas, muchas de las cuales son de las llamadas “de bolsa” por poseer una entrada estrecha que, luego de un pequeño canal, se abre interiormente en un amplio espacio de mar de excelentes condiciones para la protección de navios de las fuertes tormentas y, durante siglos, se usaron para proteger las armadas y barcos comerciales de posibles ataques enemigos. Entre las bahías de mayor interés geográfico e histórico, se encuentran, en la costa norte, las de La Habana, Matanzas, Nuevitas y Ñipe y en la costa sur las de Guantánamo, Santiago de Cuba y Cienfuegos. Los golfos más apreciables se encuentran en la costa sur (Guacanayabo, Ana María y Batabanó).
Los archipiélagos en que se agrupan las islas y cayos que rodean las costas de las islas de Cuba y de Pinos son cuatro: el de los Colorados, el Sabana-Camagiiey de los Jardines del Rey, el de los Jardines de la Reina y el de los Canarreos.
En el territorio cubano predominan las llanuras, que abarcan cerca de las dos terceras partes de la Isla. Los grupos montañosos están aislados por las amplias llanuras y sólo forman el 25 % del área total. Los de mayor altura se encuentran en la región oriental y comprenden las sierras de Nipe-Sagua-Baracoa, con su cota más elevada, el Pico Cristal (1 231 m) y la Sien a Maestra, donde están ubicadas las cotas más altas del archipiélago, el Pico Turquino (1 972 m) y el Cuba (1 872 m). Un extenso peniplano (Florida-Camagüey-Tunas) se expande hacia el oeste -con alturas remanentes como el grupo de Maniabón (459 m) y la Sierra de Cubitas (330 m)- hasta la zona central del país donde se levanta otro de los conjuntos montañosos más importantes, la Sierra del Escambray (o de Guamuhaya). Este conjunto está integrado por dos grupos montañosos: las Alturas de Trinidad y las de Sancti Spíritus, cuya elevación máxima, el Pico de San Juan mide 1 140 m. En el litoral norte del occidente, extendiéndose de este a oeste, se encuentran las pequeñas elevaciones Habana-Matanzas (38 m) y más al centro, casi paralelas a las anteriores, las de Bejucal-Madruga-Coliseo. En el extremo occidental de la Isla se encuentra el cuarto importante grupo montañoso, la Cordillera de Guaniguanico, com- puesta por la Sierra de los Organos y por la Sierra del Rosario, a la que pertenece el Pan de Guajaibón (699 m), la cota más alta de la región occidental.
La configuración geográfica de la isla de Cuba hace que sus ríos no sean extensos por lo que sus caudales están sujetos al régimen de precipitaciones. La Isla tiene dos vertientes hidrográficas, la norte y la sur, y es en esta última donde desaguan los principales ríos. Los más importantes, por su extensión, son el Cauto (343 km), el Zaza (145 km), el Sagua la Grande (144 km), el Caonao (132 km), el Agabama (118 km) y el Mayan (107 km).
La calidad, variedad y abundancia de la producción agrícola cubana se debe, entre otros factores, a la presencia de muy variados y fértiles tipos de suelos. Esta característica es el resultado, por una parte, de la complicada constitución geológica de la Isla y, por otra, de la incidencia de factores climáticos como humedad, lluvia, y temperatura. Notables son los suelos rojos arcillosos que cubren amplias zonas de la región occidental (la llanura roja Habana-Matanzas) y áreas llanas del centro-oriente, por su considerable profundidad y extrema fertilidad. Los suelos negros -aluviales- se encuentran en la cuenca del Cauto-Guacanayabo y también en áreas del centro y centro-este del país.
. Cuba disfruta de un clima tropical de fuerte influencia oceánica. Por estar ubicada en la zona intertropical -cerca del Trópico de Cáncer- en ella influyen corrientes aéreas y marítimas y diversos fenómenos meteorológicos típicos de la región como las acciones del Anticiclón del Atlántico, por una parte, y, por otra, las masas húmedas ecuatoriales asociadas a la alternancia de las temporadas de seca y lluvia. Sometida fundamentalmente al decurso de los vientos alisios del noreste en invierno y de este a sureste en verano, la temperatura media es de 25 °C, la diversidad de árboles y arbustos frutales se presenta en todo el territorio, por lo que, históricamente, brindaron las facilidades de una recolección estacionaria. Entre los frutales que crecen espontáneamente, comunes a Las Antillas, están los guanábanos, piñales, mameyes, guayabos, papayos, caimitos, mamoncilios, ta-marindos, corojos y parras cimarronas, entre otros. Árboles como el mango, aun-que no son oriundos del país, presentan un alto grado de endemismo. Los pinares se extienden por amplias zonas de la provincia de Pinar del Río, Isla de Pinos y la región oriental. Aún existen diversas especies de árboles de maderas preciosas, antaño muy abundantes y actualmente escasas. Entre los más descollantes árboles maderables se encuentran: caoba, cedro, jiquí, ácana, guayacán, guásima, algarrobo, ébano real, ceiba, júcaro, majagua, jocuma, baria y yaba. Muchos de éstos sirvieron para la construcción de poderosos navios de guerra y mercantes, así como en la decoración de notables palacios. El más famoso de ellos es El Escorial, en España.
El estudio del paisaje original cubano es tarea aún inconclusa. No obstante, corresponde al geógrafo alemán Leo Waibel (1943), el estudio, hasta ahora, más completo de reconstrucción de la vegetación primitiva de Cuba. En su estimado, el 64 % del territorio estaba ocupado por bosques. Su descripción es harto elocuente:
El paisaje original de Cuba consistía en una diversidad de formaciones vegetales, incluidos diversos tipos de bosques de madera dura, pinares, parques, donde se alternaban bosques de madera dura con las praderas, sabanas con palmas y pinos esparcidos; formaciones de cactus y arbustos espinosos, propios de un desierto; y ciénagas. Era tan inusitada la variedad en una Isla tan relativamente pequeña que, en lo que respecta a Cuba puede ser descrita como un Continente en miniatura [...] los bosques ocuparon originalmente alrededor de dos tercios de la superficie de la Isla; si se añaden los parques, la proporción se eleva a cuatro quintos.
Estos criterios se ven confirmados por testimonios históricos. El padre Bartolomé de Las Casas se expresa de la siguiente manera: Cuba es muy montuosa, cuasi se puede andar 300 leguas por debajo de árboles. La destrucción del ecosistema original de Cuba, a partir de la segunda mitad del siglo xvm es un ejemplo del tratamiento indiscriminado de la naturaleza por parte del colonialismo económico.
Como en las demás Antillas Mayores, en las costas bajas y esteros cubanos se extienden amplios manglares que crean un ecosistema muy variado y hermoso.
Relacionada con la vegetación y el clima, la fauna cubana ha estado some-tida a los efectos de la acción humana. Cuba se caracterizó por una gran abun-dancia de pequeños mamíferos, muchos de los cuales están en proceso de ex-tinción. Entre estos se encuentran la jutía, el almiquí y los mamíferos acuáticos como la tonina, el manatí y la foca tropical. En las aguas proliferan distintos tipos de peces tanto de mar como de agua dulce. La gran variedad de caracoles, terrestres y marítimos, de tamaños diversos y gran belleza permitió a los primi-tivos habitantes de la Isla servirse de sus conchas para muy variados usos. De todos ellos el Strombus (conocido por cobo) fue el más generalizado entre los aborígenes.
Son abundantes los ostiones, moluscos y quelonios tales como caguamas, tortugas, jicoteas y careyes; y crustáceos conocidos por langostas y camarones. También hay gran variedad de lagartos como la iguana, pequeñas y diversas la-gartijas y camaleones así como los cocodrilos, cuyo hábitat se localiza en la Cié-naga de Zapata. En cambio son pocas las variedades de reptiles, ninguna nociva al hombre. El más abundante es el majá de Santa María. A diferencia de éstos, proliferan las aves, algunas de extraordinaria belleza y vivos colores, como el flamenco, el tocororo, la garza, la grulla, el papagayo, el zunzún, el colibrí y otras hasta un aproximado de más de 200 especies.
La posición y las condiciones geográficas de Cuba, la exuberancia de su flora, la variedad y no agresividad de su fauna, la fertilidad de sus tierras, sus condiciones ambientales y climáticas, la practicabilidad del contacto con otras tierras y culturas y los beneficios de las corrientes marítimas, incluso para la navegación oceánica, conforman un ambiente natural propicio, en primera ins-tancia, a las migraciones y, posteriormente, a la permanencia humana.

 

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