La consolidación de la sociedad criolla -2

Otra importante ruta del comercio ilegal se fue desarrollando con las Trece Colonias de Norteamérica. A través de La Florida y de la Louisiana se exportaba azúcares, melaza, cueros y se obtenía esclavos, harinas, implementos y telas, en su mayor parte para reexportar a otras colonias españolas. En otro sentido, las intenciones monopólicas de la Corona tenían fuertes fisuras. Como consecuencia de la Guerra de Sucesión, tuvo que admitir cierta presencia francesa en el comer-cio y concederle a los ingleses la autorización del navio de permiso que viajaba anualmente con su cargamento principal: esclavos. Las fuentes principales de capitalización se le escapaba a la metrópoli mientras que las oligarquías criollas obtenían recursos que servirían de base a su poderío posterior.
Un nuevo paso tuvo consecuencias trascendentes. En 1740 se creó la Real Compañía de Comercio de La Habana. A ella se le otorgó el privilegio del control y conducción del tabaco, los azúcares y el corambre de Cuba a España. A cambio debía trasladar tropas, abastecer la Armada de Barlovento, construir naves en el astillero habanero, talar bosques y crear un sistema de guardacostas para impedir el comercio ilegal. Casi la mitad de los accionistas de la Compañía eran habaneros. Su dirección radicaba en La Habana y su presidente era el rico criollo Martín de Aróstegui. La empresa abandonó al resto de la Isla, lo que provocó un auge del comercio intercaribeño; fue especialmente protegida por la Corona; y obtuvo un capital, una gran parte no declarada, que provocó reclamaciones, tanto en España como en Cuba. De estos negocios, una parte de su capitalización benefició a la oligarquía de la colonia en lugar, como estaba previsto, de la metrópoli.
Las urgencias de los productos alimenticios para las poblaciones, el surgi-miento de una fuerza de trabajo concentrada en las construcciones y la demanda del comercio que ahora colocaba al tabaco y al azúcar como los renglones de mayor demanda, provocaron un cambio notable en la estructura económica. Fue-ron los cinturones agrarios y las ciudades los que ocuparon los nuevos espacios productivos. Cerca de las zonas urbanas, los hatos y corrales empezaron a ser subdivididos para estancias, vegas, huertos y trapiches azucareros; con ello se produjo un aumento del campesinado, ya natural del país o llegado de España, y de la esclavitud. Así se desarrollaron las dos formas de utilización de la tierra por las oligarquías regionales: la entrega de tierras a campesinos a cambio de un por ciento de su ganancia o de sus productos y su utilización para la producción azu-carera bajo la explotación directa de la masa de esclavos. Las monterías disminu-yeron. El aumento poblacional estuvo asociado a la transformación de la econo-mía ganadera en agrícola.
Para el siglo xviii casi todas las tierras estaban repartidas en la Isla, particu-larmente las de Occidente y las de las grandes sabanas, pero se mantenían impro-ductivas y despobladas. La producción de tabaco se incrementó entre 1713 y 1720 multiplicándose los molinos para la fabricación de polvo de tabaco o rapé. Si bien las tierras se les entregaba a los campesinos, los molinos pertenecían a los propietarios de las haciendas. Era tal el auge que iba adquiriendo esta producción que desde 1717 la Corona estableció la factoría para controlar, fiscalizar y racio-nalizar su producción y venta.
Paralelo al proceso tabacalero se dio el azucarero. Las nuevas fábricas o trapiches se ubicaron en las proximidades de los centros urbanos que contaban con puertos importantes como es el caso de La Habana y Santiago de Cuba. En 1717 la fabricación del dulce recibió un incentivo debido al navio de permiso inglés que abastecía con cierta regularidad a los propietarios de negros bozales y al incremento de las introducciones ilegales. Uñ ingenio tipo, entonces, poseía entre 10 y 25 esclavos. Hacia 1750 había 62 fábricas de azúcar en los alrededores de la ciudad de La Habana y 21 en construcción. Aunque su producción era de alrededor de 93 000 arrobas, ésta resultaba muy baja si se le compara con las de Las Antillas inglesas o francesas. El problema estaba en que aún era insuficiente el número de esclavos, debido a que España no tenía factorías en la costa africana como sus competidores.

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