La consolidación de la sociedad criolla -3

En la medida en que las villas y ciudades fueron adquiriendo una actividad mayor y, con ella, aumentaba su población, se desarrollaron en sus cinturones productivos las estancias. Forraje para los animales de carga y de montar, aves de corral y ganado menor, yuca, boniato y otros tubérculos unidos a frutales, plata-nales y otros productos alimenticios para completar la dieta de la población urba-na, dieron vida a las estancias que nutrían el comercio de las plazas y de los vendedores ambulantes.
El desarrollo de las ciudades y villas fue marcadamente desigual debido a que estaba asociado a sus posibilidades comerciales. La Habana, que a diferencia de México, no tuvo como base a las ciudades imperiales prehispánicas, llegó a ser, a mediados del siglo, la tercera urbe y el primer puerto del Nuevo Mundo con una activa y bulliciosa vida portuaria y comercial. Destacaba en ella el Real Asti¬llero, el mayor de América, que había sido reactivado en 1725. Naves de hasta 120 cañones se fabricaron en él y algunas de ellas participaron exitosamente en batallas famosas como la de Trafalgar. En sus instalaciones trabajaban entre 2 000 y 3 000 hombres, muchos de ellos esclavos. Las actividades artesanales y los oficios mostraron un auge notable. Gracias a la existencia del astillero y a las construcciones militares, religiosas y palaciegas, oficios tales como los de herreros, carpinteros, talladores de piedra, constructores y plateros proporcionaron una producción variada, una masa trabajadora urbana calificada y un lento pero notable surgir de un arte manual que expresaba una sensibilidad nueva y se adaptaba al clima, a la fuerte claridad del sol y a las necesidades de la vida cotidiana, el cual aún hoy se observa al recorrer las estrechas calles de los núcleos históricos de nuestras ciudades.
El hecho más notable de la vida urbana en este período es un cierto adecen- tamiento. En particular, surge la primera red educacional del país. De acuerdo con la legislación española ésta era responsabilidad de la Iglesia. En 1728 se funda la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, regentada por los dominicos, cuyos rectores y profesores fueron criollos hasta su secularización en 1842. También surge el colegio de San José de la Compañía de Jesús que, junto a los conventos de Belén y San Francisco, imparten la enseñanza en la capital, aunque con orientaciones diferentes, y el Seminario de San Basilio el Magno en Santiago de Cuba.
Es en esta etapa que comienzan a observarse las primeras luchas sociales en la historia de Cuba como consecuencia de las medidas monopólicas tomadas por la Corona. Los movimientos se concentran principalmente en los vegueros y en los cobreros. Como la factoría de tabaco prohibía la venta del producto a particulares, colocaba el precio arbitrariamente y establecía las cantidades a cómprar, el disgusto fue general. Un primer movimiento, en el que se asociaron la oligarquía y la Iglesia a los vegueros, obligó al gobernador Vicente Raja a marchar para España. Su sustituto, Gregorio Guazo Calderón, arrestó y deportó a regidores del cabildo de La Habana bajo la acusación de promover las revueltas. En 1720 el gobernador tuvo que pactar con los vegueros que nuevamente se habían amotinado porque las tropas también se habían declarado en rebeldía a causa de no haber recibido su paga. Hasta ese momento, hacendados, dueños de molinos de procesar tabaco y la Iglesia habían apoyado a los campesinos pero, debido a las concesiones que recibieron de la Corona, se alejaron del movimiento. Tres años después, los vegueros efectuaron la mayor de todas sus insurrecciones, ahora tanto contra la Corona como contra la oligarquía. Esta vez el cabildo habanero contempló en silencio. Los vegueros avanzaron sobre la capital y se enfrentaron al ejército. En el encuentro de Calabazar murieron varios. El 23 de enero de 1723 fueron ahorcados en Jesús del Monte 12 prisioneros. Éstas eran las primeras insurrecciones campesinas de nuestra historia y marcan la división entre tres intereses diferentes: los de la Corona, los de la oligarquía y los de los hombres de la tierra.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *