La consolidación de la sociedad criolla -4

Si bien el movimiento campesino de los vegueros ha sido conocido, el de los esclavos del Cobre ha sufrido un lamentable silencio. Casi paralelo al enfrentamiento de los vegueros se produce, en el extremo opuesto de la Isla, en las minas de Santiago del Prado o del Cobre, una fuerte agitación que estalla el 24 de julio de 1731 al sublevarse los esclavos que trabajaban en las minas. Las causas eran las medidas tomadas por el gobernador para aumentar las jomadas de trabajo, y “el rigor conque los ha tratado”, entre otras. El futuro obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, quien intervino para evitar mayores consecuencias, describió la magnitud del problema: ha sido tan apreciable que, sin discurrir melancólicamente, podía perderse toda la isla manteniéndose en su obstinación dichos esclavos; pues siendo crecido el número de los que hay en cada lugar y tan común la aversión que tienen a sus amos, a muy poca distancia se sublevaran todos y se harían señores de las poblaciones. Para confirmación de esto, después que los del cobre se redujeron a la obediencia, oí decir que cincuenta negros fugitivos habían pasado a su real a ofrecérseles con sus lanzas, prometiéndoles que dentro de dos horas pondrían a su disposición hasta trescientos.
Si algo unía a los criollos, independientemente de los conflictos internos, status social o estamento racial, fue el peligro externo. Dada la nueva configura-ción de los conflictos entre las potencias europeas, Felipe V reorganizó el sistema defensivo imperial basado en la doctrina de que las fuerzas militares dedicadas a la
defensa de un territorio debían estar compuestas por los naturales de éste y sostenidas por la economía de la región. En los ejércitos fueron sustituidos los clásicos tercios por los modernos regimientos. En América éstos se organizaron como unidad táctica básica y móvil para la defensa de las plazas fuertes, hasta entonces puertos fortificados. Por la importancia estratégica de La Habana, el primer regi¬miento de fijos fue el de esta plaza creado en 1719. Santiago de Cuba contaba, en 1741, con cinco compañías de tropas regulares. A estas fuerzas se añadían las milicias. De estas últimas, en 1740, un memorial afirmaba: cubren la costa con 10 000 hombres montados y armados, manteniéndose a sus expensas mientras dure el riesgo de alguna invasión [...] de cuya correlación dependen absolutamente los dos reinos de la Nueva España y del Perú, la seguridad de flotas y galeones, sus comercios, y los navios de la Real Armada que en los continuos accidentes del mar y la guerra no tienen otro refugio que el de La Habana.
Los criollos, por otra parte, desarrollaron el corso para hostigar el comercio intercolonial británico. Sólo entre 1715 y 1739 capturaron 55 barcos ingleses. Los estragos que causaron dieron lugar a la Guerra de la Oreja de Jenkins. Fue la primera guerra motivada por razones americanas; no sólo por esta causa sino también por el conflicto en tomo a la trata negrera. Los españoles habían suprimi¬do el asiento inglés en beneficio de franceses y holandeses.
En este conflicto se demostró que las fuerzas militares criollas eran capaces de derrotar importantes agrupaciones de tropas que intentasen ocupar su territo-rio. En 1741 la armada y el ejército británicos, al mando del almirante Edward Vemon y del general Thomas Wentworth, intentaron tomar Santiago de Cuba y establecerse en Guantánamo. La expedición británica contaba con 9 395 hom-bres, de los cuales 600 procedían de las Trece Colonias de Norteamérica. Entre estos últimos se encontraba el capitán Washington, hermano del posterior líder independentista. Después de 134 días de enfrentamientos, los ingleses abandona¬ron Guantánamo, donde habían intentado crear la colonia Cumberland, con más de 1 000 muertos entre ellos 205 oficiales.
Otra historia fue el ataque inglés a La Habana en 1762. Al estallar la Guerra de los Siete Años (1756-1763), entre Francia e Inglaterra, era evidente para esta última que España entraría en ella a tenor del Tercer Pacto de Familia suscrito entre los reyes galos e hispanos. Era la oportunidad que tanto había esperado el ministro
inglés William Pitt para ocupar La Habana, llave de América, como antes lo habían hecho los británicos, en 1704, con Gibraltar, llave del Mediterráneo.

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