La formación de la sociedad criolla -3

Las características de los repartos también fue singular. Desde el principio surgió una diferenciación entre las entregas de tierras de ganado mayor o vacuno ubicado en las amplias sabanas, y las del ganado menor o porcino, que se encontraba en los montes. Las tierras repartidas tenían, por lo general, forma circular y no pocas veces incluía sabanas y montes. Hasta entonces era más generalizado hablar de la tierra en términos de sabanas, y del conjunto del ganado vacuno que pastaba en ellas, de hato. A partir de los deslindes se trasladó el término hato a la tierra donde pastaba el ganado. De ahí que a los “señores de ganado” se les empezase a llamar “señores de hatos” o hateros. Son éstos los que constituyen el núcleo original de las oligarquías terratenientes regionales. De igual forma se sustituyó el concepto de monte por el de corral para referirse al territorio donde se encontraba el ganado menor o porcino. De este modo los términos hato y corral se referían a extensiones territoriales diferentes. Por lo general el hato tenía 1 684 caballerías cubanas (22 606 ha) y el corral unas 421 (5 606 ha). Como estos repartos se hacían en formas circulares, entre ellos quedaban espacios sin otorga-miento; éstos fueron denominados realengos.
Las mercedes de tierras no daban el derecho de propiedad sobre la tierra. Para ello se requería de la confirmación del rey a través de las audiencias y de los virreyes. Lo cierto es que para 1540 sin la presencia de estas autoridades, surgió la idea bastante extendida de que el rey había autorizado a los cabildos a conceder las mercedes de tierra con la particularidad de considerar esta acción una potes¬tad o facultad delegada por el soberano. De este modo fueron los cabildos o ayun-tamientos de las distintas villas -formados por los vecinos más poderosos- los que se atribuyeron el derecho, y de hecho lo ejercieron, a repartir los grandes espacios territoriales de la Isla sin que existiera ninguna disposición expresa ni ninguna ratificación real para tales repartos. Es este proceso el que va creando la estructura agraria, basada en el latifundio y, con él, van tomando forma las oligarquías regionales. Este sistema no permitió, porque no estaba concebido para ello, el poblamiento de la Isla ni la conversión de los grandes espacios geográficos en regiones económicas productivas. Las villas y ciudades delimitaban su área geo-gráfica, el territorio bajo su jurisdicción, sobre el cual ejercían su control. Así, social y económicamente, las ocho primeras villas, incluida Remedios (a las que se añadieron en el siglo xvn, Matanzas y Santa Clara), actuaban con bastante autonomía entre sí y con respecto al gobernador que, por lo general, centraba su interés en los problemas de La Habana.
Cuando en 1573 el oidor de la Audiencia de Santo Domingo, Alonso de Cáceres, visita La Habana, se encontró los hechos consumados, la mayor parte del territorio del occidente de la Isla ya había sido repartido. Dictó, entonces, las primeras Ordenanzas o regulaciones con que contó la ciudad y, aunque prohibió el otorgamiento de hatos y corrales en un radio de ocho leguas en tomo a La Habana, ratificó las mercedes otorgadas dándoles así el respaldo legal que les faltaba.

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