LA LIBERACIÓN NACIONAL SE REALIZA MEDIANTE LA ORGANIZACIÓN DE INSURRECCIONES ARMADAS EN TODO EL PAÍS- page 1

Producto del propio desarrollo del capitalismo, la demanda de materias primas, mano de obra y mercados eran cada vez mayores y muchos países capitalistas de Occidente intensificaban la ocupación y dominación de otros países por medios violentos y salvajes. El Oriente, que poseía una brillante civilización desde la antigüedad pero que se había quedado muy atrasado en los tiempos medieval y moderno, fue dominado rápidamente por sus enemigos. Vietnam no estuvo exento de este desastre. Ya desde los primeros días después de iniciada la agresión francesa comenzaron los levantamientos sucesivos del pueblo vietnamita contra los colonialistas franceses. Se registraron numerosos levantamientos armados y surgieron innumerables movimientos patrióticos. Pero todos esos levantamientos y movimientos, de los cuales son ejemplo las sublevaciones de Huong Khe[1] y Yen The[2], las protestas de 1908 contra el cobro de impuestos, los movimientos de Dong Du, Duy Tan[3], Dong Kinh Nghia Thuc[4], etc., fueron encarnizadamente reprimidos por el enemigo uno tras otro. La realidad demostró que las vías por las que se había optado para lograr la salvación nacional, por valientes y entusiastas que fueran, no eran las más apropiadas para esa época y no podían satisfacer las urgentes exigencias de la revolución vietnamita en ese momento.

Fue en esa coyuntura que surgió la nueva tendencia revolucionaria que promovía y dirigía Nguyen Ai Quoc, quien ya por entonces había abrazado las ideas del marxismo-leninismo y se había convertido en el primer comunista vietnamita (1920), para orientar a la revolución de su país por el camino de la revolución proletaria, al tiempo que combinaba la liberación nacional con la de toda la sociedad y el hombre. Sus ideas de nuevo tipo sobre la vía para alcanzar la liberación nacional y sus métodos revolucionarios fueron referidos en muchas de sus obras, pero donde se reflejaron más nítidamente fue en los documentos del Partido Comunista y en sus escritos sobre los temas coloniales, que se archivaron en el Departamento de estudio de las colonias adscrito a la Filial francesa de la Internacional Comunista.

Ya en aquellos momentos sus profundas y contundentes convicciones políticas le permitían confiar en que “el día que consigamos nuestra libertad, gracias al éxito de las transformaciones que estamos gestando hoy, se acabarán la miseria y las penalidades que ustedes padecen”. “Las transformaciones que estamos gestando” se definían precisamente a partir de los cambios realizados en la elección del camino para alcanzar la liberación nacional, en los métodos revolucionarios, en la manera de construir la organización y las fuerzas en conformidad con las tendencias de desarrollo de la época.

En su afán por lograr esas aspiraciones se dedicó a investigar muchas obras teóricas. Atrajo su especial atención la conclusión a la que habían llegado Marx y Engels sobre la violencia. Según el criterio de estos dos grandes pensadores teóricos, la violencia era la ley generalizada de las revoluciones, que podía generarse por medio de la insurrección armada, de la guerra revolucionaria o de la combinación de ambas. Se interesó por las normas y por el arte de la insurrección que aparecía en sus obras. Profundizó en el estudio de las experiencias y lecciones extraídas de la insurrección rusa, directamente organizada y dirigida por Lenin. A través de estos estudios pudo darse cuenta de que la lucha nacional y clasista en las colonias no tenía como premisa la fuerza de una clase obrera numerosa, que pudiera tomar conciencia y ser organizada para convertirse en una poderosa fuerza que se levantara en las ciudades como sucedió con la revolución rusa. Por ello observó con mucha atención las luchas anticoloniales, que se desarrollaban en esos países, en sus variadas formas.

Fue este un período de más de 5 años, a partir del éxito del levantamiento armado en Rusia (1917 a 1923), en que tuvieron lugar sublevaciones sucesivas en algunas colonias, sobre todo, francesas e inglesas. A partir de las experiencias de la insurrección de Thai Nguyen y otras luchas patrióticas del pueblo vietnamita en Nam Ky (Cochinchina) y de los levantamientos de los pueblos de Dahomey, Turquía, China, la India, etc., Nguyen Ai Quoc escribió una serie de artículos periodísticos que analizaban las causas por las que fracasaban.

De esta observación práctica sacó dos importantes conclusiones. La primera es una ley que donde hay opresión hay lucha, sólo que la lucha de los pueblos coloniales tiene características particulares con respecto a la lucha de clases en las “metrópolis”, debido a la feroz represión que le imponen sus enemigos. Nguyen Ai Quoc describía: “Los pueblos de las colonias ya no pueden más con tanta humillación y se levantan. Ello desata represiones sangrientas y el empleo de las medidas más enérgicas. Se envían tropas al lugar, ametralladoras, morteros y la marina de guerra. Decretan el toque de queda. Se realizan capturas y encarcelamientos masivos”1. Esto obliga a preparar muy bien los planes, a tener que contar con una alta determinación y perfecta organización para poder lograr cualquier sublevación. Su segunda conclusión fue que por primera vez en la historia, en las luchas nacionalistas de las colonias, una nueva fuerza está participando, la clase obrera. Nguyen Ai Quoc calificó esta nueva presencia como una señal de la época.

Ahora se planteaba el problema de cómo intensificar la solidaridad clasista en contra del enemigo común, sobre lo cual proponía: “Hay que lograr que los obreros, sean negros o amarillos, comprendan que sus únicos enemigos están precisamente dentro de este mismo régimen”2.

A partir de estos fundamentos, ya en 1924 había reafirmado sus convicciones en cuanto al papel y a la posición que ocupaba la insurrección armada en el proceso revolucionario de los países coloniales. Desde su punto de vista la insurrección armada era la vía fundamental para poder conquistar el poder y derrocar al sistema del gobierno colonial. Nunca la vía reformista o el simple golpe de estado, ni la revolución impuesta desde arriba como pensaban algunos patriotas de esa época. Estos conceptos fueron un hito en la formación de su pensamiento sobre el papel de la insurrección armada.

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