La organización de la colonia – page 2

Aunque el proceso inicial de creación de las villas fue demorado y el de reparto de indios provisional, por las razones expuestas, el rey lo ratificó todo por real cédula de 21 de diciembre de 1516. De inmediato se pasó a la organización productiva de la colonia.

De acuerdo con los derechos de vecindad se hicieron los primeros repartos de tierras entre los conquistadores, y éstas fueron concedidas en usufructo y a perpetuidad. Jurídicamente sobre la tierra sólo se tenía un derecho de posesión, no de propiedad. Sólo el rey podía distribuirla y la persona la recibía a través de las facultades que el monarca les otorgaba a los cabildos o municipios de las villas. Como el origen de estas posesiones era la violencia, se hizo necesaria su justificación jurídica. Se alegó para ello un antiguo sistema medieval español, la presura. En realidad, su aplicación resultaba arbitraria porque el sistema consis­tía en el poblamiento o repoblamiento de tierras consideradas abandonadas o yermas. En España había sido un medio para la creación de comunidades agríco­las; en Cuba, un arma de desposesión de las comunidades aborígenes y de justifi­cación del reparto de tierras. Sin embargo, no es en estos repartimientos iniciales donde está el origen de las grandes propiedades latifundistas de Cuba, ni tampo­co ellos provocaron la conversión del espacio geográfico en regiones económi­cas. Las tierras en explotación agrícola estaban fundamentalmente en el entorno de las villas, que apenas penetraba el territorio de la Isla. Este aspecto resulta importante: durante más de dos siglos y medio apenas se modifica el interior del país. No obstante, la autonomía que tenían estas poblaciones y su distancia entre

sí y del gobernador, les permitieron convertirse en conjuntos humanos que propi­ciarían, siglos después, esa conquista territorial. De igual forma, el dominio del gobierno municipal y, a través de él, del reparto de indios y tierras, dio origen a las oligarquías regionales.

Se distinguen dos tipos complementarios de repartos de tierras, el solar den­tro de la villa y las tierras de labor en su periferia. En el solar se asentaba la vivienda y tenía suficiente espacio para patio que, en muchos casos, se convertía en huerta. Las tierras de labor se basaron, originalmente, en los “montones de yuca” de los aborígenes pero, en la medida en que se hicieron otras siembras, se les denominó, también, estancias. En ellas se desarrollaron cultivos mixtos abo­rígenes y europeos; entre los primeros, el tabaco y la yuca y, entre los segundos, la caña de azúcar, probablemente introducida en el país alrededor de 1520. Se le denominó conuco a la parte de la estancia dedicada a los cultivos originales y huerta a la dedicada a los traídos de Europa; los platanales tuvieron un lugar específico dentro de la estancia. También resultó mixta en cuanto a que en ella no sólo se cultivaba sino que servía además para la crianza de animales.

El centro del interés de los colonos era la búsqueda de oro y todo el siste­ma de colonización operaba como apoyo a esta actividad, complementada con los preparativos de la conquista continental. Mas, a pesar de todos los esfuer­zos, no aparecieron metales preciosos como para saciar la “fiebre del oro” de los conquistadores. La producción aurífera cubrió, en lo fundamental, de 1512 a 1542. Ya para la última fecha los lavaderos estaban prácticamente extingui­dos. Este mineral no se encontraba en minas bajo tierra sino que se obtenía lavando las arenas de los ríos o placeres cercanos en lugares que, por esa razón, se llamaron “lavaderos de oro”. El hecho de que se pensase que Cuba podía ser una colonia minera se reafirma cuando, en febrero de 1512, se designa al pri­mer fundidor real para la Isla, Hernando de la Vega quien,# a su vez, nombró al platero Cristóbal de Rojas para ejercer el cargo en Cuba. Al parecer, la primera fundición estuvo en Baracoa, de donde se trasladó a B ay amo y de aquí, en 1515, a Santiago de Cuba.

La etapa terminal del oro coincidió con el inicio de la explotación del cobre. Sin embargo, la extracción de este último tuvo un carácter muy diferente a la del primero. Mientras la búsqueda y obtención del oro se desarrollaban como empre­sas particulares con la correspondiente asignación de la parte real, el cobre fue una empresa exclusiva de la Corona. En 1529, los buscadores de oro de la zona de Santiago del Prado (actualmente El Cobre), enviaron muestras del nuevo mi- neral. El entonces monarca Carlos I necesitaba este material para la industria militar imperial. El 15 de septiembre de 1530, los oficiales reales Lope Hurtado y Hernando de Castro le informaban al rey del hallazgo de minas en Santiago del Prado. Para su explotación, el rey nombró a los banqueros alemanes Fuggert y Welzer. El cobre sería un importante renglón en la economía colonial, pero no marcaría sus rumbos. Lo que se puede considerar la etapa de la búsqueda minera quedaba cerrada hacia 1542, entre otras razones, porque la explotación del cobre no era una empresa de los colonos.

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