La reforma desde arriba: Cuba, terreno de ensayos -1

El 6 de julio de 1763 tomaba posesión del go-bierno de Cuba, en nombre del rey de las Españas, el teniente general Ambrosio de Funes y Villalpando, conde de Riela. A cambio de la estratégica posición, se le entregaba a Gran Bre-taña la Península de La Florida, hasta entonces parte integrante de la capitanía general de Cuba. España, a su vez, obtenía de Francia parte de la extensa zona de la Louisiana.
La toma de La Habana por los ingleses re-crudeció la lucha por el dominio del Caribe; en consecuencia se produjo un cambio de estrategia por parte de España. Su aliada, Francia, había desaparecido como potencia americana al perder los extensos territorios de Quebec (Canadá) y la amplia región de la Louisiana. Ahora la frontera estaba entre el imperio anglosajón y el hispano pero sus límites eran imprecisos por constituir amplias regiones aún no ocupadas.
Madrid comprendió la necesidad de fortalecer los centros estratégicos america-nos, en particular la frontera marítima y terrestre entre los dos imperios cuyo epicentro estaba en el Caribe. Por su posición y recursos, Cuba era la principal base ante nuevos conflictos.
Las prioridades del conde de Riela así como las de sus asesores y sucesores, estaban dirigidas al fortalecimiento militar de la Isla. Este objetivo debía cum-plirse aplicando una nueva política que se basaba en la necesidad de crear una amplia base económica y ágiles mecanismos administrativos que permitieran que el sistema defensivo fuese lo más autónomo y potente posible.
En el breve período de 1763 a 1765, el gobernador y sus asesores inician el estudio de la sociedad cubana y dan los primeros pasos en los cambios necesarios para lograr sus objetivos. Su centro fue la modernización del sistema defensivo con fondos mexicanos, los llamados “situados”. Para ello emprendieron una doble línea de acción. Por un lado se reconstruyen las fortalezas de El Morro, La Fuerza y La Punta; se edifican las de La Cabaña, Atares y El Príncipe; los fortines de La Chorrera y Cojímar; las baterías de La Pastora (rehecha) y El Polvorín, y se moderniza la muralla de la ciudad habanera. Hacia 1774, el sistema se completó con la ampliación de los castillos de El Príncipe en La Habana, de San Severino en Matanzas y El Morro en Santiago de Cuba.
La segunda línea de acción se orientó hacia la reorganización de los cuerpos de defensa (los regimientos de fijos y las milicias), constituidos por los naturales t del país. Se puso especial énfasis en la formación de jefes militares criollos. Bajo las concepciones prusiano-francesas del conde de O’Reilly se crearon regimientos de blancos, pardos y morenos. La alta oficialidad pertenecía a la oligarquía criolla. La Isla fue considerada zona militar priorizada del imperio. Estas tropas criollas fueron las primeras reorganizadas para toda América y su reglamento sirvió de modelo a la de otras regiones, como es el caso de Filipinas, Venezuela y Perú.
La base de todo el sistema defensivo no era otra que la reorganización y reorientación de la economía de la Isla. Esta es la causa por la cual se producen notables concesiones a la oligarquía de Cuba, a la que se consideraba, en la nueva estrategia, la aliada necesaria, no sólo para el mantenimiento de su dominio en la Isla sino, también, para cualquier estrategia continental.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *