Los hombres de esta tierra: los. criollos 2

Unido al concepto de criollo nació el de patria. Este último expresa la uni-dad de esa comunidad humana dentro de la heterogeneidad imperial hispana. El concepto de patria no sólo designa la región o localidad donde se nace sino, tam-bién, los intereses y el destino común de los hombres que la habitan. Más antiguo que el concepto de nación, el de patria o “tierra de los padres” tiene un sentido más emocional y estable y adquiere toda su dimensión en los llamados rellollos o hijos de criollos. El primer cubano qüe alcanzó la dignidad de Obispo, Dionisio Rezino y Ormachea, coloca con orgullo, tres P en su escudo que son las iniciales de la frase Primer Prelado de la Patria. Por entonces el concepto se aplicó al lugar o región donde se nace. No existe, debido a la fragmentación regional, un concepto nacional de patria ni una explicación racional de este sentimiento del criollo. Las patrias locales (La Habana, Santiago de Cuba, Bayamo, etc.) constituyen, al final del período, comunidades estables con una alta definición de sus criollos y de sus culturas.
Como la formación de las patrias de los criollos se dio dentro del contexto de las políticas imperiales españolas y del reto de sus rivales, los criollos se vie-ron sometidos a varios factores internos y externos. Primó en ellos, como es lógico, la defensa de sus intereses regionales, de los de sus patrias locales, frente e independiente de los imperiales, o los de sus rivales. El absolutismo político del Consejo de Indias y el monopolio comercial de la Casa de Contratación de Sevilla estrangulaban la vida económica de las villas a excepción de La Habana y Santiago de Cuba por las que circulaba el sistema comercial imperial. El surgi-miento de las rutas del contrabando puso en contacto a estas zonas con los pros-critos bucaneros. Sus economías se desarrollaron sobre la base de este libre co-mercio sin reglas ni leyes.
Los gobernadores trataron de combatir esta tendencia. Villas como Bayamo mostraban tal prosperidad económica que hasta los obispos querían trasladar la catedral para esa villa. El gobernador Pedro de Valdés decidió acabar con el con-trabando de los bayameses, en 1603, enviando una tropa bajo el mando de Melchor Suárez de Poago pero ésta fue cercada y obligada a regresar a la capital sin conseguir sus propósitos. Entonces se envió al obispo de la Isla, Juan de las Cabezas Altamirano, para, por medios persuasivos, convencer a los bayameses de abandonar las actividades de contrabando. El obispo, al conocer que la iglesia de Bayamo era una de las principales participantes en esas actividades, de la cual obtenía sus más importantes ingresos, los mayores en la Isla, se compromete activamente en estos negocios. El bucanero Gilberto Girón lo rapta porque la iglesia de Bayamo no le había pagado las mercancías que él le había entregado- La acción de Girón creó una incómoda situación a los bayameses pues se hacia evidente el clandestino comercio. Así se decide atacar al bucanero que muere junto con sus hombres.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *